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Fútbol redentor
 
Ismael tenía talento y pasión por el fútbol. De pequeño, lo demostraba en las calles de Campo Claro, barrio industrial en el poniente de Tarragona. La disciplina no era lo suyo, y menos la deportiva. Con el equipo de su barrio destacaba en los partidos, pero prefería la calle a los entrenamientos. Esa falta de compromiso no impidió que el Nàstic se fijara en él. Pero su aventura duró poco. El mejor club de la ciudad no estaba dispuesto a tolerar su comportamiento.

"Se acabó por un tema de actitud. Sólo jugué un par de partidos con el Club Gimnàstic de Tarragona, porque realmente no me involucraba al 100% en el fútbol. No me entrenaba, y más o menos hacía lo que quería", recuerda Ismael  Pardo (Tarragona, 25/02/2000) en el propio campo del club que le echó y del que sigue siendo aficionado.
 
 
Por las vueltas que da la vida, el delantero tarraconense ha vuelto a pisar el terreno de juego del Nàstic, pero ahora como rival. Su padre, José Antonio, está en la grada para darle su apoyo. Vive al lado del estadio y no quiere perderse la vuelta de su hijo a Tarragona: "Ismael se juntaba con gente que no le convenía, frecuentaba compañías que no eran las adecuadas, pero al final supo pasar página gracias al fútbol. El Draft de la Fundación Marcet le dio la oportunidad de cambiar su vida". 

"Yo vi que Marcet era el sitio correcto para que Ismael pudiera alcanzar su sueño", comenta José Antonio al recordar cómo su hijo se presentó a las pruebas anuales de la Academia de Alto Rendimiento. Era la primavera de 2016 e Ismael acabó siendo el mejor del Draft y ganó una beca para formar parte del Programa Profesional Marcet

"Convocamos este tipo de prueba para dar a conocer que hay otra manera de trabajar y que con una formación adecuada las posibilidades de rendimiento son excepcionales", comenta el director deportivo Carlos Rivero. "El objetivo del Draft es conceder una oportunidad a aquellos chicos que están estancados o que, por la razón que sea, no se están desarrollando correctamente en su equipo. No se trata de seleccionar al nuevo Messi o al nuevo Cristiano, sino a futbolistas que con trabajo y esfuerzo pueden dar un cambio importante en su vida, tanto a nivel deportivo como personal". 

Según Rivero, Ismael cumplía esos requisitos: "Cada vez es más difícil encontrar a jugadores que tienen características diferentes. Pero Ismael nos mostró algo que la mayoría de futbolistas no tiene: un talento innato, una capacidad de arrancada descomunal... Lo que le faltaba era un programa de entrenamiento capaz de sacar más rendimiento a sus cualidades".
 
 
Volver a Tarragona y jugar contra el Nàstic ha sido para Ismael la guinda a un año de intensa formación futbolística que le ha llevado a enfrentarse a los mejores clubes de España. "Antes jugaba contra equipos que nadie conoce, y este año he podido competir contra Atlético de Madrid, Getafe, Rayo Vallecano, Oviedo, Zaragoza... Ha sido un gran cambio, una ilusión, un sueño que se ha cumplido".

Pero igual de importante ha sido su cambio a nivel personal. "Hemos notado una gran evolución en Ismael, sobre todo en su madurez", señala el padre del delantero, que cree que esa transformación le ha venido "muy bien" a su hijo no sólo como jugador de fútbol, "sino también como persona".

Las primeras semanas de Ismael en la Ciudad Deportiva Marcet no fueron fáciles. Hubo momentos de conflicto, porque se trataba de acostumbrarse a una seria rutina deportiva y a una nueva disciplina académica. "Los primeros  dos o tres meses fueron duros. El cambio fue importante y todo me costaba el doble, porque en Tarragona estaba acostumbrado a no hacer nada. A veces tampoco iba al cole, mientras que aquí entreno y estudio todos los días", comenta Ismael en el campo donde está a punto de empezar el partido contra 'su' Nàstic. "Si hubiera seguido aquí nunca me habría levantado a las 07:00 de la mañana para entrenar".