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Cómo Marcet cambió la historia de Corea del Norte
 

Corea del Norte está en la boca de todos. Documentales, reportajes, artículos... El misterio de un país aislado del resto del mundo atrae a cada vez más personas, interesadas en descubrir la realidad de una nación recóndita y un pueblo enigmático. Una realidad que la Fundación Marcet ha tenido el privilegio de conocer desde cerca gracias a un proyecto histórico que no ha tardado en captar la atención de los principales medios de comunicación españoles e internacionales.

El último en orden de tiempo ha sido la Cadena COPE, que acaba de hablar largo y tendido con J. Marcet sobre la aventura vivida por 18 niños norcoreanos que estuvieron casi un año en Barcelona para formarse en nuestra escuela de fútbol. Una historia deportiva, pero también humana, que empieza con un "viaje alucinante" a Pyongyang y acaba con el triunfo de Corea del Norte en el Campeonato Asiático Sub-16.

Así lo contó el presidente de la Fundación Marcet ante los micrófonos de 'El Partido de las Doce', presentado por Joseba Larrañaga y Victorio Duque. Junto a J. Marcet también estaba José Martínez, alumno de 10 años que compartió residencia y entrenamientos con la expedición norcoreana. Ambos dieron cuenta de una experiencia increíble y llena de anécdotas curiosas. 

"Todo empezó cuando los norcoreanos hicieron un 'tour' por toda Europa para buscar la mejor escuela para formar a sus jóvenes futbolistas", contó J. Marcet a la COPE. "Al final eligieron la Fundación, porque no querían grandes marcas sino aprender realmente a dominar el fútbol. Y así fue como fuimos a Pyongyang para elegir a 18 chicos. Fue alucinante, una experiencia superlativa".

El presidente de la Fundación Marcet es uno de los pocos "privilegiados" que ha logrado entrar en Corea del Norte "sin ningún tipo de cortapisas", en palabras del presentador de 'El Partido de las Doce'. Algo que J. Marcet explicó en estos términos: "Creo que soy el único extranjero que pudo ir por libre por la ciudad. Me levanté por la mañana y empecé a hacer 'footing' por las calles. Seguí corriendo y nadie me decía nada. Vi a militares haciendo ejercicios, ciudadanos desarrollando sus actividades..."

"Pyongyang es como las urbes del cine de Hollywood. Hay una ciudad auténtica y una ciudad que se muestra", comentó el presidente de la Fundación. Es una ciudad muy grande, con unos monumentos espectaculares y los edificios públicos son los mismos que podríamos encontrar en cualquier capital europea. Pero hay una diferencia. Las calles, muy anchas, están vacías. Sólo hay coches militares u oficiales. Además, no hay restaurantes, no hay televisión, ni publicidad o tiendas... El silencio es el protagonista. Ni siquiera los niños lloran. Es una ciudad fantasma. Pero vimos que la gente estaba feliz. Lo vimos por sus sonrisas. No tienen iinternet, no tienen videojuegos, no tienen móviles... Pero se nota que existe una gran relación entre ellos.

"Es el viaje más interesante, emocionante y formativo que he hecho", sentenció J. Marcet. El presidente subrayó que, al margen de los aspectos negativos que todo el mundo conoce, también "hay cosas muy buenas en Corea del Norte". Por ejemplo, "los chicos de ese país superan con mucho a los del resto del mundo en su generosidad, en su humanidad, en su humildad, en su honestidad, en todo lo que conlleva el no tener que estar supeditados a la electrónica moderna y al consumismo".

Marcet admitió que en Pyongyang desde distintos estamentos hubo presiones para que se seleccionaran determinados futbolistas, pero recalcó que los promotores de la iniciativa no querían ningún tipo de nepotismo. "Tuvimos que ponernos firmes con algunas personas influyentes, pero al final logramos seleccionar a los mejores".

Una vez llegados a Barcelona, no todo fue fácil. "Gestionaban muy mal el error. Ellos entendían que lo normal era ganar. Cuando ellos consiguen algo no les felicitan por tener un talento, sino por el esfuerzo realizado. Por eso, tuvimos que explicarle que el error es fundamental para el éxito [...] y ellos, poco a poco, empezaron cambiando esa intensidad mal conducida a hacer horas y horas inútiles por algo más productivo.

Entre otras anécdotas, el presidente de la Fundación Marcet contó la primera vez que los chicos norcoreanos se compraron unas botas de fútbol. "Creo que ahí ha cambiado la historia de Corea del Norte. Estos niños por primera vez tuvieron la posibilidad de elegir y comprar sus botas. Curiosamente no eligieron las de marca, las más caras, sino que se entusiasmaron por una botas de 35 euros. Ahí empezaron a darse cuenta de que eran individuos y de que podían ser alguien en el mundo del fútbol. Empezaron a cambiar de mentalidad, porque se fueron relajando y entraron rápidamente en la dinámica cultural de España. Los niños que llegaron no tienen nada que ver con los niños que se fueron. Creo que hemos metido una palanca en ese bote cerrado que es Corea del Norte".