Un grupo de alumnos del Plan Marcet ha sido seleccionado para participar en la Danone Cup. Anteriormente habían participado en la World Cup, en la Barcelona Cup y en algunos torneos más a lo largo del año. Además de jugar un fútbol de mucha calidad, han tenido la suerte de ganarlos todos.
Como siempre, en la Fundación se marcaron unos objetivos de trabajo y se convocó a los participantes a asistir a un Curso especial que empezaba el sábado por la tarde. El entrenador Bruno, con sus dos ayudantes, venía desde Porto, donde lleva el equipo alevín del Boavista. Algunos jugadores se desplazaron desde muy lejos, otros, por obligaciones con sus clubes, no pudieron asistir aunque pertenecen a esta selección.
A las 17,00 horas del sábado comenzó la primera sesión de entrenamiento. Aunque cada jugador pertenece a un equipo distinto, como han jugado y entrenado juntos tanto tiempo, se conocen muy bien y el equipo está muy bien conjuntado. Utilizamos a dos jugadores por cada posición. Esto les permite salir al Torneo muy frescos físicamente. La experiencia nos dice que el número ideal para este tipo de competiciones es de 14 jugadores contando a los porteros. En el primer tiempo sale un equipo completamente distinto que en la segunda parte. Todos aceptan los cambios porque están muy unidos y entienden que hay que llegar muy bien dosificados de fuerzas para las finales.
Tras las dos sesiones de entrenamiento del sábado, ducha y cena. Era el momento de charlar con los jugadores y transmitirles todo lo que queríamos de ellos. La sesión con pizarra fue muy útil porque quedó claro cómo debíamos estar en el campo y que tipo de estrategias íbamos a utilizar. Todo el mundo se fue a la cama con las ideas muy claras y a las 22,30 dormían en la residencia de la Fundación Marcet.
El desayuno estaba preparado y partimos hacia Vilanova con la idea de llegar con tiempo para poder calentar y salir al campo con las pilas bien puestas. La verdad es que estaban un poco dormidos y ante tanta novedad, un poco nerviosos. Sin embargo, todos ellos son jugadores que han participado en muchas competiciones de alto nivel y eso les daba una ventaja en cuanto a la experiencia que eso conlleva.
Cuando salieron al campo y jugaron el primer partido se quedaron más tranquilos. Son jugadores que inmediatamente se sitúan y saben hasta donde pueden llegar. El equipo empezó jugando muy bien y se dio cuenta que las dificultades no las encontrarían hasta llegar a la fase eliminatoria. Bruno aprovechó para corregir algunos detalles, siempre muy exigente con la colocación de los jugadores en el campo y con la obligación de hacer un juego basado en los apoyos y desmarques continuos.
Uno de los problemas que nos encontramos fue la comida. Habíamos decidido reservar una comida especial en un restaurante que hay junto a la playa pero nos cambiaron el horario de los partidos y fue imposible tener ese margen para las comidas. Decidimos hacer pequeñas comidas cortas y salir cada vez del estadio donde se jugaban los encuentros para desconectar del ambiente y de la tensión del Torneo. Eso nos fue muy bien porque eran los momentos para unir más al grupo, hablar entre ellos, etc.
Tres jugadores tuvieron que irse tras la comida porque por la tarde jugaban un partido muy importante con su equipo y no podían faltar. La verdad es que les costó muchísimo porque no querían perderse este acontecimiento. Luego me enteré que estuvieron en contacto con el grupo a través del teléfono móvil y siguieron los partidos de la tarde al minuto.

Por la tarde empezó la fase más difícil. Todos los equipos que se habían clasificado estaban ahí por algún motivo. Sabíamos que nos iba a costar. El primer partido fue el más duro ya que el equipo contrario decidió encerrarse y lo hizo tan bien que no pudimos ganarles. El empate significaba penaltis y eso ya es suerte. Esto es lo que yo creía. Además, nuestro portero Nacho era el que estaba en el campo en ese momento y era el que le tocaba parar. Es el único jugador del 99 y todavía no ha dado el estirón con lo que parecía que la suerte estaba cantada. Teniendo en cuenta que su portero era una torre que casi se daba con la cabeza en el poste, era muy difícil salir bien de esta situación. Fue el peor momento del Torneo. Podíamos irnos a casa después de no haber perdido ningún partido y no haber encajado ningún gol en toda la competición. Pero el fútbol tiene estas cosas y nosotros lo sabíamos.
Bruno tuvo que adivinar quién se sentía seguro para lanzar los penaltis. A algunos les entró el miedo y no se atrevieron, a pesar de ser jugadores muy técnicos. Otros no se escondieron y se ofrecieron voluntarios. Hay dos héroes en este momento aunque se nombró solo a uno. Nacho paró el primer penalti con una valentía impresionante, adivinando el lanzamiento del jugador contrario. Lo más complicado estaba hecho. Pero faltaba no fallar. Los tres lanzamientos nuestros fueron excelentemente lanzados y la victoria nos permitió seguir en el Torneo. El equipo contrario nos lo habían hecho pasar muy mal.
Me preguntaréis quién es el segundo héroe. Para mi fue el tercer lanzador. Cristian sabía, cuando se dirigía a lanzar su penalti, que su gol era definitivo para clasificarnos. He de ser sincero y yo pensaba que lo fallaría por la presión y responsabilidad que tenía encima y por eso digo que es el segundo héroe del partido, porque ese gol nos llevó a la final.
Los tres técnicos se dieron cuenta que no habían preparado al equipo para enfrentarse a un sistema defensivo tan cerrado y dedicaron el descanso, antes del siguiente partido, para trabajar estas nuevas situaciones con los chicos, porque no queríamos volver a sufrir. Todo quedó claro a nivel teórico pero no sabíamos si en la práctica saldría.
La semifinal se jugó contra el equipo de más calidad del campeonato, era una final anticipada ya que los jugadores eran muy buenos, algunos eran compañeros de equipo de los nuestros. La victoria fue contundente y quizá nuestro mejor partido. Ya no había nada que nos cerrara el paso a la final. Los jugadores estaban frescos gracias a nuestro sistema de competición, no había lesiones y el equipo cada vez jugaba mejor. Los partidos iniciales les habían servido para rodarse y llegar al 100% a la final.
Conocíamos al equipo que jugaría la final con nosotros. No podíamos fallar. Pero una final es una final y, aunque empezamos metiendo un gol, ellos jugaron muy bien y nos empataron el partido. Yo ya veía de nuevo los penaltis pero por suerte, nuestros jugadores supieron resolverlo con un juego intenso y rápido que les permitió meter dos goles más.
La Fundación Marcet había ganado la Danone Cup. Este grupo tan impresionante de jugadores había conseguido de nuevo ganar el Torneo que les permite pasar a la fase Nacional. Los padres estaban felices y el quipo técnico mucho más. Durante la entrega de trofeos, aplaudimos a rabiar al equipo subcampeón porque hay que saber ganar con elegancia. Felicitamos el esfuerzo que habían realizado y disfrutamos de la victoria.
Este grupo, que se conoció este verano pasado en los cursos Intensivos de verano, está consolidándose como una selección muy especial. Está dando muchas alegrías deportivas a la Fundación Marcet. Además, está siendo un ejemplo en lo deportivo y en lo extradeportivo. Como tiene que ser. Agradezco el haber podido vivir de tan cerca una experiencia como esta. Muchas gracias y buena suerte. Os espero en Sudáfica.